Las personas somos espejos, reflejos del interior en movimiento, por eso cuando alguien nos señala o nos juzga, seguramente sea por aquello mismo de lo que huye dentro de sí mismo, un mecanismo de resguardo ante la vulnerabilidad propia. Las palabras conllevan un carácter subjetivo, son las descripciones habladas o escritas del imaginario personal, por eso no debemos olvidar que estas parten del interior de un yo tan humano y contradictorio como el nuestro. A menudo permitimos que las opiniones que otros tienen sobre nosotros nos afecten o suponemos que la mayoría de las cosas nos refieren directamente y en verdad no es así. Imagina que tu compañero de trabajo tiene un accidente automovilístico de camino al trabajo, tuvo una pelea con su cónyuge la noche anterior o no durmió bien y muestra un ánimo poco amable contigo. ¿Tiene algo que ver con algo que hayas hecho tú? Ahora imagina que el mismo compañero de trabajo acaba de descubrir que ganó la lot...
Proyecto altruista que surge de la necesidad de superar el analfabetismo emocional tan abundante en la sociedad contemporánea.