Tomar una decisión en este mundo tan acelerado se ha vuelto muy complicado, a pesar de lo recurrente que es en nuestras vidas. Debemos tomar decisiones todo el tiempo, en el trabajo, en la familia, en la pareja, en la calle, en nuestra economía, todo se trata de decisiones. La diferencia entre una buena o mala decisión está muchas veces en la emoción en la que nos encontramos cuando lo tomamos. Si estamos invadidos por la rabia y en ese estado emocional tomamos una decisión esta viene acompañada de imposición, dominación y ego. Una decisión tomada desde esa vibración emocional puede que no sea la mas acertada y que luego al pasar la ceguera de la molestia nos demos cuenta que hemos cometido un grave error y después de que se ha derramada el vaso el agua no vuelve jamás al mismo estado. Si por el contrario la emoción en la que te encuentras cuando debes tomar una decisión es el miedo, tu acción buscará hacerte retroceder como mecanismo de resguardo, en vez de enfrentar abando...
Proyecto altruista que surge de la necesidad de superar el analfabetismo emocional tan abundante en la sociedad contemporánea.