Tenemos las emociones a flor de piel, el lidiar con la ira, la tristeza, el aburrimiento o la ansiedad nos impulsan a la comida aún sin tener hambre. Usamos la comida para consolarnos a pesar del alto costo que tiene en la salud física durante periodos de tiempo prolongados. Una herramienta para controlar la gula es llevar un diario de los alimentos que ingiere y así podrá notar cuáles son las emociones que le mueven hacia ellos. Por ejemplo, si busca refugiarse cuando se siente solo por no haber recibido llamadas durante el día, puede en vez de buscar llenar el vacío comiendo, generar nuevos hábitos como escribir lo que siente o alguna otra actividad que lo motive. Déjese llevar. Disminuye el consumo de azúcares, estos al ser digeridos aumentan los niveles de ansiedad y alteran nuestro sistema nervioso. Opta por alimentos de fácil digestión y que tengan altas cargas de proteínas y vitaminas. Establece normas flexibles en relación a la comida, no te impongas ayunos que sab...
Proyecto altruista que surge de la necesidad de superar el analfabetismo emocional tan abundante en la sociedad contemporánea.